jueves, 19 de julio de 2018

EL RÍO TINTO


El Tinto ha pasado de ser conocido como uno de los ríos más contaminados por la minería del mundo a una referencia de las condiciones originarias de la vida en la primitiva Tierra y por extensión del planeta Marte.  Sin embargo, sus paisajes naturales siguen siendo extraordinarios.



Su característico color tiene su origen en la actividad de primitivos organismos conocidos como extremófilos (literalmente amantes de las condiciones extremas) que oxidan los minerales (originalmente sulfuros) y con ello acidifican las aguas. Este proceso natural requiere obviamente de la exposición de la pirita, calcopirita, galena o blenda a la aireación. Al llegar la gran explotación con la modernización industrial del siglo XIX, se produjo la extracción y acopio en superficie de cantidades jamás antes vistas, produciéndose un incremento del proceso contaminante que actualmente está presente y llamamos drenaje de la minas.

El Río Tinto dio nombre a la localidad famosa por minas como la Corta Atalaya; aunque el complejo minero abarca tres localidades en apenas 6 km: El Campillo, Minas de Río Tinto y Nerva. En la última se encuentra la Mina de la Peña de Hierro en donde un cartel indica el nacimiento del río ya con el característico  color rojo; aunque, como veremos,  se trata de un afluente más del río que desemboca en confluencia con el Odiel en el sitio histórico de  La Rábida.

La Corta Atalaya

La ría del Tinto junto a la fábrica de ENCE


La cartografía oficial comienza a denominarlo Río Tinto a partir de que pasa junto a la localidad de Nerva atravesando una de las zonas más impactadas por la minería de todo el complejo debido a la contaminación por la quema de los sulfuros. Aguas arriba recibe dos tributarios con nombres distintos ( Barranco del Romeral y Peña del Hierro)  que pasan  junto a la mina Peña del Hierro y nacen en las faldas de la Sierra de San Cristóbal a solamente unos 4 km del pueblo.
El Tinto atravesando la zona minera junto a Nerva.




Indicación del nacimiento del Tinto

Mina Peña de Hierro

Detalle de la mina Peña de Hierro

Ahora, si seguimos hacia el norte hasta el cambio de vertiente, en la umbría,  y aún más allá, se encuentra la Sierra de Gata y  un cauce llamado Rivera de la Adelfilla que pasa junto a la localidad de la Granada de Río Tinto. Estas aguas están a más de 10 km de Nerva y como veremos vierten finalmente al Río Tinto. No obstante son afluentes de la Rivera del Jarrama el principal caudal de la cuenca,  que nace aún más lejos casi en el término de Zufre.

Podemos discriminar cual seria el nacimiento en base a dos parámetros, el primero el mayor alejamiento del río y el segundo, el caudal.



Para comprobar el lugar más alejado observemos el punto de unión del Río Tinto con La Rivera del Jarrama, lo encontrarán fácilmente en el plano  aguas abajo de la presa.
La longitud desde este punto al nacimiento en la Peña del Hierro indicado con círculos naranjas es de 13 km, se mida el ramal derecho (Barranco del Romeral) o izquierdo (Arroyo Peña Hierro).

Ahora veamos los posibles nacimientos en La Granada del Tinto indicados con círculos rojos. El situado justo al norte del pueblo mide 22 km; y el situado al este 29 km.

Este último estaría en el límite entre los municipios de Zufre y La Granada.

Por último el punto marcado con circulo verde que se encuentra en Zufre y muy cerca del límite provincial alcanza una longitud de tramo de rivera  al punto de referencia de 26 km.

Rivera del Jarrama recoge aguas limpias de una amplia cuenca bastante lluviosa para la presa que abastece los regadíos y consumos urbanos de varias localidades, es por tanto el tributario principal del río que se une en su desembocadura en la ría onubense al Odiel.

 Un dato, en la zona de la presa, esta fresca y húmeda primavera de 2018 se ha medido la nada despreciable pluviometría de 950 mm.

En conclusión, parece que el lugar que debería de considerarse nacimiento del Tinto sería la  localidad de La Granada del Río Tinto, su nombre resulta apropiado.

Hablando un poco más de La Rivera del Jarrama, en su confluencia con el Tinto y en el tramo a presa linda con la provincia de Sevilla, así como en otros puntos aguas arriba y recoge aguas, además de los municipios onubenses ya mencionados,  de los municipios sevillanos del Madroño y Castillo de las Guardas.




Lo que atrae la atención de este río es el color de sus agua, derivado de la contaminación por sulfatos y metales. A pesar de ello hay organismos que viven en este medio extremo y por ello la misma NASA está trabajando en estas aguas para interpretar la vida de planeta rojo.



Aunque resulte extraño, fuera de la coctelera química de sus aguas, la ribera del Tinto alberga espacios de gran valor natural siendo una de las extensiones forestales más grandes de la provincia con un poblamiento muy escaso.  Las abundantes lluvias hacen que alberguen alcornocales con durillos, madroño y brezos arbóreos juntos con manchas de quejigo (Q. faginea)  que únicamente vuelven a aparecer en la Sierra de Aracena, más al norte. Toda la ribera del Tinto es espacio protegido denominándose  Paisaje Protegido del Río Tinto.





Una de las zonas de referencia para contemplar esta maravilla natural está en el llamado Cerro de Salomón, un peñón casi aislado por el río  que no tiene camino de acceso. Aquí el río baja en dirección sur encajonado para sorprendentemente hacer una cerrada curva de casi 360º que crea  una agreste península horadada por el túnel del ferrocarril minero.

Si subimos al Cerro veremos un contraste de vegetación grande entre la solana cubierta de encinas y la umbría de alcornoque. A pesar de no haber camino de acceso a este lugar,  encontramos ruinas de lo que parece ser un aprisco para el ganado, el aislamiento lo salvó de ser repoblado con eucalipto como ocurrió con buena parte del territorio salvo las caídas con fuerte pendiente al río que se conservan con la densa vegetación natural  solamente afectada por los fuegos periódicos. Actualmente  los montes, al ser públicos, han sido repoblados con alcornoque y pino.



Desgraciadamente, el alcornocal está en franca regresión por el síndrome del decaimiento de las quercineas, más conocido como seca.
foto

En cuanto a la historia, a las orillas Tinto se sucedieron las culturas y pueblos desde, al menos, la Edad del Cobre. El megalitismo europeo  se encuentra muy bien representado en toda está zona destacando el complejo de dólmenes del Pozuelo en Zalamea La Real y el Dolmen de Soto en Trigueros.

El segundo ubicado en la zona más verde de la campiña, es el gran dolmen de la provincia perfectamente orientado de tal forma que se ilumina su interior en los equinoccios (no solo las pirámides de Egipto están orientadas). Del entorno ya he hablado en la entrada (poner enlace con montes)


 En el Pozuelo se encuentra la mina Chiflón, un pequeño pozo de carbonatos de cobre en un cerro que domina el entorno megalítico.  La importancia de esta  pequeña mina  comienza por ser una de las primeras explotaciones de cobre (IV milenio  a C.) de occidente y el hecho de preservarse de la explotación por las civilizaciones que se sucedieron como ocurriría con tantas minas importantes de la Faja Pirítica que incluso acabaron a cielo abierto  desmontando el gossan o montera en donde estaban las antiguas galerías romanas y prerromanas.

Vista desde el cerro de Mina Chiflón a alguno de  los dólmenes del Pozuelo en Zalamea La Real. Las aguas que aquí caen también vierten al Tinto.
Trabajos de limpieza en uno de los dólmenes


Este cerro vierte a la Rivera de Cañamar, afluente de la Rivera Casa de Valverde que se une al Tinto a 2 km aguas arriba del Cerro Salomón.  Nuevamente las aguas discurren por un paisaje forestal, tanto que desde la mina contemplamos un horizonte infinito de colinas  con pinos y eucaliptos.

La mejor época para la visita es el otoño o invierno gracias sobre todo a la abundancia de madroños pero si fuese un domingo, para no hacer el viaje en balde,  es conveniente conocer antes si hay montería.


Quiero llamar la atención que si bien, este río parece haber separado dos zonas, la vertiente derecha poblada y la izquierda casi despoblada. Si trazamos una franja delimitada por una línea que una Valverde del Camino y Aznalcollar, por el sur; con otra entre Minas de Río Tinto y Castillo de las Guardas, por el norte; definimos la parte de la  Faja Pirítica en la que aparecen más antiguas minas y vestigios prerromanos.  Aquí se encuentra una gran extensión forestal  objeto en parte de repoblación con eucalipto, aunque una parte de alcornocal queda en la Pata del Caballo, antiguo Coto Nacional de Caza. Se trata de una zona literalmente agujereada como un queso por minas prerromanas en donde hasta hace poco era fácil encontrar vestigios como mazos de piedra y monedas. Actualmente muchos pozos han quedado ocultos con la labores de la maquinaria.




Mina Las Cruces, en el término de Gerena (Sevilla). Este yacimiento permaneció oculto hasta ahora, no tiene pasado histórico, ni los romanos ni los prerromanos pudieron saber la riqueza que se escondía bajo las tierra aluviales del valle del Guadalquivir a tan solo 6 km del cauce del gran río de Andalucía. Pasa por ser una de las minas  más al este de la Faja Pirítica e igualmente una de las más ricas en cobre del mundo gracias a que explota calcosina, mineral  más rico en cobre que la calcopirita común en otras minas.

Me gusta ver esta zona actualmente poco comunicada como un corredor desde  la edad del bronce, no únicamente por la actividad minera sino por otras circunstancias geográficas. En primer lugar porque atraídos por la riqueza mineral debía haber bandidos en el entorno y las zonas bajas estaban mas expuestas que las altas, desde las que era posible divisar mejor el entorno. Algo de esto me comentaron en la cordillera cantábrica respecto a una antigua calzada romana que discurría por la cuerda de las montañas y era un corredor natural del lobo; la explicación es simple, es más cómodo andar por la cuerda en este terreno quebrado y evitar así  los barrancos; además ofrece la ventaja de ser un otero continuo para divisar enemigos. Estas mismas premisas valen al lobo ibérico que usa esta vía en sus expediciones de caza, obviamente su enemigo es el hombre, pero además puede así acechar  y dirigirse en mejor posición sobre sus presas.
 
Galería romana
Debió ser vital encontrar un acceso a puerto de mar lo más corto y seguro para que pudieran salir los nobles minerales.  La minería industrial moderna, con el ferrocarril, derivó el comercio al puerto de Huelva, pero no fue así en la antigüedad y seguramente la vía comercial pasaba por el Guadalquivir más cercano. Desde Minas de Río Tinto  a Santiponce, en donde se encuentra la famosa Itálica romana hay 55 km y otros 5 más hasta el actual cauce del Guadalquivir navegable. Puede parecer mucho, pero la distancia hasta la  actual ciudad de Huelva es de 60 km.

Resumiendo, cosas que quizás no sabías del Tinto:

Nace con "aguas limpias"  llamándose Rivera del Jarrama. Junto al pueblo de la Granada del Río Tinto, pero llamándose Rivera de Jarrama y es al llegar a las minas en Nerva cuando comienza a contaminarse y llamarse Tinto.

Colón salió del Tinto. El puerto desde el que salió al descubrimiento Colón, así como el monasterio de La Rábida, están en las orillas de este río. Aún más, es discutible que las naves (grandes para la época) atracaran en un puerto, más bien tendrían como puerto natural la ría del Tinto en donde fondearían. (foto de calzadilla y
 
Pasarela junto a La Fontanilla, lugar del antiguo puerto de Palos.
El Tinto es un Espacio Natural Protegido. La cuenca del tinto es un espacio forestal muy poco alterado y la parte cercana a su cauce está  protegida.

Tenemos un bello endemismo minero. En las orillas, como en las zonas mineras húmedas podemos ver el brezo de las minas, un endemismo especializado en soportar la fuerte contaminación, su nombre es Erica andevalensis.



Cuna de las primeras civilizaciones de Europa occidental. El río Tinto está asociado a las primeras culturas conocidas, siendo así que las construcciones megalíticas (dólmenes) se suceden a lo largo de su valle.



Pasarela a Huelva (al fondo) 



viernes, 15 de junio de 2018

SUELO FORESTAL Y GESTIÓN PARA LA CONSERVACIÓN


Partamos de un bosque bien conservado. Tanto el árbol en pie, como su hojarasca proporcionan la protección que requiere el suelo de los agentes climáticos,  que se extiende durante todo el periodo vegetativo:


  • Protección de la superficie del suelo de la alta insolación, elevadas temperaturas e intensa evaporación, alargando el periodo de mayor actividad de la biocenosis edáfica e incrementando la funcionalidad del suelo, reciclando nutrientes y movilizando algunos con tendencia a inmovilizarse como el fósforo.

  • Protección del suelo frente al impacto de la lluvia, que es especialmente agresiva en el otoño cuando además el suelo carece de vegetación herbácea,  favoreciendo la infiltración, aumentando con ello la capacidad de aprovechar más eficazmente el recurso hídrico y reduciendo la erosión superficial, lo cual además repercute indirectamente en un mejor estado de los ríos al llevar menos arrastres sólidos, tener menor incidencias dañinas sus crecidas. La infiltración recarga los acuíferos, lo que  posibilita que  durante el largo verano, cuando todo el pasto se ha agostado y los torrentes y demás cursos de agua estaciónales se han secado aún siguen fluyendo las fuentes y  algunos arroyos manteniendo algunos pastos verdes (vallicares, bonales). Siendo por tanto un recurso estratégico para toda la fauna.

  • Mejora el suelo al bombear las sales minerales de la roca sobre la que se asienta el suelo y ponerlas a disposición del ecosistema a través de sus desechos que fertilizan y mejoran por su aporte húmico el suelo.
 
El estado del arbolado y suelo van parejos
Si el objeto de la gestión es la conservación,  en este caso ideal no deberíamos actuar.
A veces estamos muy cerca del estado ideal con una gestión conservadora que sin embargo produce un deterioro o degradación, derivado de desequilibrios como el aumento de ungulados por la falta de depredadores unido a una nula o ineficaz gestión cinegética. En apariencia el monte está bien conservado pero la realidad  puede conducir a un declive por la falta de regeneración.

Ganado en Sierra de Las Nieves (Málaga). Las cabras pueden impedir la regeneración del quejigal y en consecuencia afectar negativamente a la conservación del suelo.

Pero en la mayor parte de los casos el problema es el restaurar  un monte claramente degradado. Aquí nos encontramos la  gran paradoja, las llamadas mejoras en los montes que implican mover el suelo, lo que supone una degradación. Y un suelo forestal degradado no mantiene un bosque, entonces queda esperar que llegue a alcanzar el bosque para que recupere la fertilidad o  tratarlo como un terreno agrícola labrándolo y fertilizándolo para acelerar un proceso que quizá nunca llegue si no se deja a la naturaleza restaurarse.

Como se va explicar con un caso real más adelante, el sistema suelo forestal del bosque funciona con una gran eficiencia, muy al contrario que un suelo agrícola en el que el flujo externo conduce a una ineficiencia y los nutrientes se derrochan.

Por tanto toda alteración  conduce a la pérdida del sistema original edáfico (entiéndase, hongos, bacterias, protozoos, etc. y por sus procesos) a un sistema ineficiente y esto puede ocurrir tanto por la eliminación de la vegetación, la remoción del suelo o el aumento de las deposiciones del ganado o caza mayor.

Dense cuenta que la fertilidad agrícola es el capital medido en nutrientes NPK, mientras que la fertilidad de los ecosistemas forestal se mide por la eficiencia del sistema. De igual modo que  la riqueza de un país no se mide por el dinero guardado en los bancos, la verdadera riqueza se encuentra dentro de los organismos que trabajan para hacer eficiente el sistema.

Veamos un caso real. El N y P están presentes mayoritariamente en forma orgánica y dentro de los microorganismos del suelo. Así en un estudio dentro del Parque de los Alcornocales se encontró que el N y  P en los microorganismos era 10 veces superior al disponible por las plantas (Aponte Perales, C. CSIC. 2010)  Por tanto, la mayoría de estos nutrientes están activos y recirculando dentro del ecosistema, optimizándose la fertilidad  de estos nutrientes. En estos suelos un aporte puntual de nutrientes es redistribuido por el ecosistema en un plazo más o menos largo, mucho más allá del punto de origen y es aprovechado con gran eficacia aún cuando se trate de escasas cantidades de micronutrientes. Sólo cuando la cantidad no puede ser asimilada se pierde en sumideros naturales, fundamentalmente a través de las aguas de escorrentía y por tanto enriquece las zonas húmedas y riberas.

Curiosamente, la mismas plantas hacen de reservorio de micronutrientes, a veces no necesarios para la actividad fisiológica  de la planta; pero si para la actividad de los microorganismos o incluso de otras especies de plantas, dado que las necesidades de estos micronutrientes es variable entre especies. Por tanto, la diversidad en especies favorece la captura  de todo tipo de nutrientes, asegurando la posterior recirculación de nutrientes para el conjunto del ecosistema.

Por otro lado, la eficacia de los suelos forestales como recicladores de  nutrientes es algo que se optimiza con el desarrollo en complejidad y estabilidad del bosque. Más exactamente, la evolución del bosque necesita de mayores flujos de nutrientes a través del suelo. Otras formaciones menos complejas, como  los bosques de coníferas o ciertos matorrales pueden ser igualmente eficaces para sus propios y modestos requerimientos, siendo a la larga imposible la mejora del suelo sin la intervención de plantas de etapas superiores en la progresión.

Es decir, podemos decir que las distintas formaciones vegetales, como las seriales que aparecen tras la degradación, crean comunidades conservadoras en el sentido que tendrán condiciones edáficas favorables para ellas, como en un intento de perpetuarse. Así por ejemplo, es de esperar que un pinar sea eficaz en cuanto a optimizar los recursos necesarios para el mantenimiento de la formación forestal consiguiendo que los pocos recursos disponibles se aprovechen en un ciclo bastante largo, dado que la mayor parte de estos nutrientes están temporalmente secuestrados en el litter dada la lenta descomposición de la hojarasca  de elevado contenido de sustancias que inhiben la descomposición como son los fenoles y una relación C/N muy alta. En la bibliografía se dice que la progresión ecológica en este caso, supongamos para el transito a un bosque más complejo de quercíneas, se da por facilitación, es decir que el pinar ha creado unas condiciones favorables con el desarrollo de los robles.  Desde el punto de vista evolutivo esto no tiene ningún sentido ni tampoco desde la experiencia, en la que estas formaciones seriales tienden a ser permanentes en muchos casos. Otra teoría habla de la autosucesión, es decir que es la misma comunidad vegetal la que pone en marcha los cambios necesarios para la implantación de la formación vegetal.  Esto tiene completo sentido ecológico, pues al entrar estas plantas con ellas arrastran otros organismos que van aumentando el flujo de nutrientes  y la eficacia necesaria para el desarrollo de la nueva vegetación.


Q. alpestris creciendo sobre rocas calizas en Sierra de las Nieves

Se trata como en economía de hacer circular el capital, si este no se mueve no produce beneficios. Teóricamente, mientras más se muevan los nutrientes (tasa de descomposición mayor y ciclo más complejo)  más beneficios produce en el sistema, pues en igualdad de condiciones sería como si el suelo fuese más fértil y productivo en términos ecológicos (más biomasa vegetal y animal; y más diversidad) . En condiciones muy optimas climáticas, como ocurre con bosques húmedos y climas tropicales o templados, el flujo de nutrientes y energía es muy grande dado que la reposición de nutrientes  es  muy rápida y en gran cantidad, la descomposición rápida, pone  a disposición gran cantidad de nutrientes que son absorbidos rápidamente por la vegetación, que precisamente por ello es altamente competitiva,  no obstante cuanto más grande es este flujo mayor cantidad de nutrientes hay retenidos en la biomasa, es decir en las plantas y animales que finalmente es el indicador que se viene a utilizar  para definir un bosque maduro, por ser más simple de diagnósticar que no este flujo de nutrientes. No obstante, se puede observar también en la eficacia del flujo energético y en la homeostasis final. La energía que mueve todo este sistema tiende a acumularse en forma de materia orgánica rica en carbono cuando el sistema no es muy maduro, mientras que en el bosque más maduro y complejo la materia orgánica se descompone a gran velocidad de modo que los microorganismos consumen mucha más energía. Podemos especular que esa energía inútil puede acabar disipándose en forma de incendio forestal, que en definitiva es una medio de renovación y rejuvenecimiento de estas formaciones alejadas del clímax y que ayudan a su perpetuación frente a etapas más avanzadas. Al menos en climas como el mediterráneo.


Decaimiento del arbolado (alcornocal en Coto San Felipe en Niebla). El deterioro del suelo va parejo.

Algunos ejemplos de prácticas que pueden no ayudar a la restauración son los grandes  laboreos, para eliminar el matorral serial o prevención de incendios. Estas prácticas equivalen a las perturbaciones necesarias para mantener etapas seriales permanentes como jarales, brezales o algunos pinares subclimácicos. Se mantienen así las condiciones de bajo flujo de energía, baja tasa de reposición de nutrientes, suelos pobres, predisposición alta a las grandes perturbaciones como incendios. En estos suelos, la permanencia sin perturbación  puede implicar la sucesión hacia el bosque, especialmente favorable si el suelo del bosque aún se conserva poco degradado; pero  la perturbación periódica rejuvenece el sistema y lo perpetua, ya sea por el uso del fuego o el laboreo, el pasto en estos suelos mientras aún son fértiles puede estabilizarse, de lo contrario el pisoteo, la elevada carga de nutrientes nitrogenados  y la degradadación de la vegetación leñosa puede acarrear a un punto de difícil retorno de degradación del suelo.


Decaimiento de  encinar en un suelo que se gradea supuestamente para impedir el desarrollo del jaral.
La remoción del suelo favorece la regeneración de una  formación que requiere de perturbación obligada  para regenerarse como es el jaral. 




martes, 12 de junio de 2018

INTERACCIÓN NATURAL ENTRE SUELO Y VEGETACIÓN


Ya hemos tratado la trascendental relación entre suelo y vegetación en medios explotados como dehesas. Veamos ahora lo que ocurre en condiciones naturales con la interacción entre vegetación y suelo forestal.

El suelo poco formado limita al arbolado por la escasa cantidad de nutrientes disponibles; aunque en el clima mediterráneo más por la escasa retención de agua. Se sabe que la profundidad del enraizamiento está más relacionado con el aprovechamiento de agua que de nutrientes,  que están concentrados  en la zona de actividad de los organismos del suelo o la parte humificada de éste.
 
Preparación del suelo previo a la repoblación. Se  elimina la competencia para el repoblado pero en la restauración ecológica  estamos favoreciendo a la competencia no deseada como  las jaras.
Lógicamente la riqueza del suelo está íntimamente vinculado con la vegetación. En gran medida los nutrientes están dentro del humus del suelo y este ha sido formado por la cubierta vegetal.  Se puede decir que hay humus más ácidos y pobres en bases tipo mor o humus más ricos en bases tipo mull. La roca puede determinar el tipo de vegetación que se formará y el tipo de suelo, hasta cierto punto. Que predomine un tipo u otro de humus depende de la cubierta. Se puede decir que rocas ácidas como el granito asientan vegetación como pinares que tienden a formar suelos ácidos,  y también  que los pinares forman suelos ácidos. Pero entonces ¿es la reacción ácida de la roca la que determina que se asienten pinares o son los pinares los que determinan la acidez del suelo?

En realidad sobre suelos graníticos se pueden formar bosques de pinos o de robles, y sus suelos podrán ser distintos a pesar del origen común. Achacar la pobreza a la vegetación presente significa no entender los mecanismos de progresión de los ecosistemas.
Un mismo material parental posibilita suelos distintos según la vegetación que se asiente, no obstante que se alcance un tipo u otro de vegetación puede entrañar más o menos dificultad.  Siguiendo con el ejemplo del granito, el material parental de esta roca que se disgrega como su nombre indica determina la formación de suelos arenosos que al ser una roca de elevado contenido en sílice se denomina  como "ácida”.  Estos suelos arenosos y pobres en bases son colonizados preferentemente por los pinos y formarán un suelo ácido como no podía ser de otro modo. Pero en una situación ideal el pinar puede enriquecerse fijando cada vez más nutrientes por robles como el melojo que pueden extraer bases del sustrato parental con más eficacia que el pino y finalmente llegar a formarse un suelo mejor bajo un robledal.

La evolución del suelo depende de muchos factores que  tienen que ver con la capacidad para asentarse una vegetación más exigente o no dependiendo de la situación orográfica y del clima (por descontado, también la perturbación humana).  El mismo suelo puede formarse con una alteración de la roca muy rápida o lenta, el lavado del suelo, la temperatura, la pendiente, etc. A veces el condicionante del medio es muy importante y la vegetación permanente no alcanza el optimo climático pues el suelo no puede mejorar.

Incluso etapas finales del bosque que debido al clima pueden superponerse,  en determinado lugar presentan diferencias que explican la sustitución o dominancia de un arbolado sobre otro. En un estudio de los suelos en el Parque Natural de Los Alcornocales en Cádiz se pudo demostrar que los suelos bajo el quejigo moruno o roble andaluz  (Q. canariensis) eran más ricos en bases que los que estaban bajo el alcornoque ( Q. suber).  Entonces el alcornocal podrá ser sustituido por el quejigal cuando el suelo aumente en eficiencia, esto sin embargo dependerá de la misma entrada de la especie  Q. canariensis, pues son sus mismos despojos los que forman un suelo más rico y no por el material de partida que en esta zona es ya de por si bastante pobre (areniscas del Aljibe).

La explicación se encuentra en la naturaleza de la cubierta vegetal y no tanto en el material parental del suelo. El desfronde del quejigo produce una relación C/N menor y también una mayor riqueza en bases, lo que es coherente con una especie más competitiva que tiene un mayor crecimiento. Por tanto una vegetación dominante  más competitiva mantiene un suelo más rico pero también necesita de que ese suelo se haya formado; en tanto no se dan estas circunstancias el suelo no podrá sustentar más que bosques más adaptados a limitaciones como ocurre con los pinares en muchas zonas de montaña.

Es interesante reflexionar sobre como una formación frugal como el pinar puede dar paso a una formación considerada potencial de quercíneas cuando la fertilidad del suelo es un limitante. El modelo de facilitación  no tendría porque funcionar en este caso, el pinar no crearía las condiciones necesarias para el establecimiento del robledal, al contrario, sería el robledal el que creara estas condiciones. Lo que ocurre es que el proceso de cambio de vegetación sería progresivo.

La cuestión es que el mismo proceso puede ser desencadenado por la misma vegetación o especie, el roble puede también establecerse en el material parental y mejorar lentamente las condiciones del suelo. A este modelo se le llama autosucesión, pues puesto en marcha por las propias especies que acaban como cabeza de serie.

En el ámbito mediterráneo este modelo de autosucesión es extensible a muchas series, por ejemplo encinares que llegan a medrar en roquedos. También aquí se dan paradojas como que el clima sea potencial para el desarrollo de una especie mesofila como el quejigo y la etapa permanente sea un encinar, y que este se forme directamente sobre el suelo parental; la explicación es que el material parental no tiene más limitación que la hídrica y probablemente la pendiente y una exposición en solana acentúe más el carácter xerófilo del hábitat a pesar de la elevada pluviometría. Estos suelo  ricos en bases pero duros y con poco desarrollo, soportan una vegetación de frondosas xerófilas con carácter estable junto a mesofilas solo por las xeromorfia impuesta por el medio.
 
Melojar (Quercus pyrenaica) en Castaño del Robledo (Huelva) desarrollándose en un roquedo, modelo de autosucesión. 
De igual modo ocurre con muchos lugares en los que la excesiva permeabilidad o escasa fertilidad hace que los pinares constituyan formaciones permanentes.

Pinares varias veces centenarios  de Pinus nigra ssp salzmannii en la Sierra del Pozo (Cazorla). Formación forestal permanente  desde finales de la era terciaria en calizas  duras  y dolomías de la alta montaña mediterránea.

Una consideración importante es que, si bien los suelos formados por frondosas mesófilas son más ricos, y también más activos; la capacidad de los robles de mantener la fertilidad del suelo en condiciones pioneras es reducida. Difícilmente se crea la necesaria cubierta que compense o evite la pérdida de nutrientes. Por contra, los pinares pueden en las mismas condiciones conseguir una cubierta importante,  formada por una hojarasca que se descompone lentamente y crea humus ácido, lo que puede suponer una ventaja en medios con elevada erosionabilidad por la protección que da al suelo esta permanente capa de material en descomposición. Igual podría inferirse de encinas o alcornoques frente a quejigos.

Por tanto, la formación de una cubierta temprana es fundamental para el desarrollo inicial del suelo forestal. Esta cubierta formada por robles se puede alcanzar en un plazo de tiempo probablemente más largo que con la intermediación del pino o matorral, aunque  realmente no sea necesario finalmente, puede acortar el proceso.

En cuanto a la eficiencia de una u otra en el uso de los recursos de que disponen,  me atrevo a decir que ambos sistemas son igualmente eficientes.  Salvo que los comparemos de forma absoluta (por la riqueza absoluta que se mueve en el ecosistema), pues ambos están perfectamente adaptados a condiciones distintas, el pinar crea unas condiciones edáfica que le facilitan vivir en medios pobres y desaprovecharía cualquier excedente de nutrientes o agua. El robledal o encinar puede aprovechar más eficientemente suelos más ricos pero no tendría capacidad para subsistir y mantener esa fertilidad en suelos pobres.

Igualmente en un prado con tasas continuas y altas de reposición de nutrientes la vida del suelo está formada por una serie de organismos distintos y muy eficientes para estas formas de vida.
 
Prados de montaña en Somiedo (Asturias)
En conclusión todas estas formaciones son muy eficientes y por esto existen como formaciones permanentes. La modificación debe de ser bien estudiada, pues el resultado puede no ser  el esperado.




El repoblado de pino piñonero está cubierto de jara (foto superior, en Niebla).  El origen se encuentra en la misma preparación del suelo para la repoblación y las labores de mantenimiento especialmente para prevenir incendios que pueden rejuvenecer el jaral.  Respetando el suelo y la vegetación noble que aparecerá, la formación aparentemente alejada de la cabeza de serie (el alcornocal) es sin embargo diverso  y estable frente al fuego con especies rebrotadoras de cepa como lentisco,  mirto, acebuche, etc.(foto inferior en La Dehesa del Estero, Moguer)

Así, si resulta que entendemos que para convertir un pinar en un robledal basta con eliminar los pinos y plantar robles, no lo conseguiremos en primera estancia si el suelo es muy pobre. Si planteamos enriquecer el suelo en nutrientes, seguramente consigamos un efecto no tan positivo pues entraran bacterias, hongos y plantas más adaptados a estas condiciones propias de un medio con excedentes como el agrícola o ciertos prados, que no son las propias de un robledal.

Hay que recordar que las especies forestales prosperan mejor en suelos ácidos, especialmente en los moderadamente ácidos y es aquí donde también prosperan los microorganismos más importantes del suelo descomponedores  y hongos formadores de micorrizas. La eficiencia, entendido como la habilidad de los árboles para aprovechar de forma eficiente los escaso nutrientes del suelo es muy alta en cualquier formación permanente de coníferas o frondosas.

jueves, 7 de junio de 2018

EL ARBORETO DEL VILLAR






Entre la ciudad de  Huelva  y Almonte,  dentro de la comarca de Doñana,  podemos visitar en la localidad de Bonares el Arboreto del Villar. Se trata de una muestra de eucaliptos,  quizá la más importante de Europa con 75 ha y casi 50  especies distintas.




Su origen se remonta a los años 40 cuando se crearon arboretos como los  ubicados en El Acebuche, Los Cabezudos y El Loro para ensayar la potencial utilización de estos árboles. El del Villar es el único que se conserva íntegramente, siendo un elemento de gran valor educativo, histórico y botánico.

E. sideroxylon, el "palo de hierro"

Al visitante le sorprenderá la diversidad de formas, colores y aromas. Como el "palo de hierro" (E.sideroxylon);  el olor a limón de las hojas de (E.citriodora); el rojo de las flores de  E.ficifolia; los globosos frutos de E. calophylla; como  por el color de sus troncos (E.diversicolor); por su tamaño (E.grandis); o por el aspecto a corcho de su corteza.



Siempre abierto y gratuito, está habilitado para los visitantes con senderos que recorren la totalidad de las parcelas, dispone de una zona de estacionamiento y un pequeño merendero en donde se exponen varios paneles informativos sobre la historia del Arboretum, las especies presentes y el papel del eucalipto como género forestal ampliamente extendido en nuestro territorio.







El sendero dispone además de una completa señalización en las que se van identificando las diferentes especies existentes así como sus características y peculiaridades correspondientes.
E. citriodora, con hojas de olor a limón.
Resina





En el trabajo de E. SÁNCHEZ GULLÓN, J.M. CARABALLO MARTÍNEZ y  FEDERICO RUIZ (E. SÁNCHEZ, J. M. CARABALLO & F. RUÍZ  Bouteloua 6: 115-133 (XI-2009). ISSN 1988-4257) sobre el origen de estos arboretos de eucaliptos (https://www.researchgate.net/publication/228690329_Los_arboretos_de_eucaliptos_historicos_de_Huelva) se plantea que las primeras plantaciones de eucalipto las realizó la compañía inglesa propietaria de la mina de Riotinto  con la finalidad de obtener madera para  fabricar vigas  y traviesas para la línea férrea con la que se llevaba al puerto el mineral. Siendo así que nos remontamos al 1866, año de entrada de los británicos en Huelva.

Estos autores, cuentan la curiosa historia del que sería el primer arboreto en la provincia realizado en la finca de Sierra Cabello (San Bartolomé de la Torre) en 1918 por  José Duclós, propietario además de una serrería y calderas de esencias.  Para ello aprovecharía sus relaciones con un amigo inglés, a la razón residente  en Australia que habiendo vivido en España se había aficionado a los garbanzos españoles (Cicer arietinum). Siendo así que comenzó un intercambio de garbanzos por semillas de eucaliptos.

A Doñana llegaron los ecucaliptos en los años 30 con la compañía holandesa Sociedad Forestal de Villarejos (N.V. Handelsmaatscharppij Ibérica).
Aunque para la creación de los primeros arboretos con fines experimentales se contó con la actividad de la administración del Estado partiendo de la Ley de especies de repoblación de desarrollo rápido de  1926 y fundamentalmente por el “Plan Nacional de Repoblaciones Forestales” de 1940.

Una parcela
Brillante resina ambarina


Otra curiosidad  relativa a estos arboretos de Huelva es el papel que desde hace algunos años desempeñan para la conservación de los ejemplares de  “koala” (Phascolarctos cinereus) de los zoológicos españoles.  Este marsupial australiano tiene una dieta compuesta exclusivamente por hojas y brotes de aproximadamente unas 40 especies del género Eucalyptus, lo que hace que  los arboretos de eucaliptos de Huelva sean el único recurso de la geografía española capaz de asegurar el suministro ininterrumpido de su dieta.

Nota: Todas las fotos son del autor de este blog.

martes, 22 de mayo de 2018

LOS ROBLES DE PALLARES





En una ocasión un agente de medio ambiente me habló de que había unos robles en un lugar llamado Pallares entre las localidades de Beas y Valverde del Camino, árboles que habrían sido plantados hace más de 50 años, gozaban de excelente salud y se multiplicaban por la zona mientras que el alcornocal original sucumbía por la seca.  No le di demasiada importancia, pensé que tal vez se refería a algunas de las pocas localizaciones que en la zona quedan de  Quercus faginea o más raramente  Q. canariensis. Otro día andando por la zona, me dio detalles de las hojas del árbol y aumento mi interés, pareciendo que se refería al roble melojo (Q. pyrenaica) muy desubicado por ser especie de montaña en el sur.
 
El ejemplar más grande, tiene dos pies. 
Cual sería mi sorpresa al llegar  al lugar y ver que eran unos magníficos ejemplares de roble carballo o Q. robur.

El largo pedúnculo de la bellota, descriptivo de la especie.


Otro ejemplar de porte recto.
Pallares es un paraje dentro del término de Beas a poca altitud, a tan solo unos 30 km de la costa, justo al norte de la ciudad de Huelva. Esta zona tiene suelos arenosos, similares a los del entorno de Doñana, con higromorfía superficial en donde viven los alcornoques a pesar de la escasa precipitación y una flora similar a la costera (Stauracanthus genistoides, Cistus libanotis, Halimium halimifolium, Erica scoparia, etc.). La humedad del suelo hace prosperar a los robles, de los que originalmente sobrevivieron 2 ejemplares de los que se sembraron y ahora, además se han multiplicado de forma natural habiendo ejemplares jóvenes de distintas edades.



Alcornocal en Pallares, cubierto de helechos.



Según me dijeron posteriormente, todos los árboles jóvenes se ha generado desde los dos árboles padres provenientes de  bellotas traídas de su tierra por un señor  cántabro o asturiano hace medio siglo.



EL RÍO TINTO

El Tinto ha pasado de ser conocido como uno de los ríos más contaminados por la minería del mundo a una referencia de las condiciones orig...