Las más antiguas culturas guardan
memoria de bosques fabulosos en los que habitaban todo tipo de seres
extraordinarios y espíritus. Pueden ser realidades de una cultura que vive
integrada en la naturaleza o son idealizaciones de épocas que no conocieron,
pero que identifican como la de sus ancestros y añoran de forma parecida a la
pérdida del paraíso relatada en el Génesis.
Partiendo de la visión de las
selvas vírgenes, también la ciencia puede especular con lo que fue nuestro
bosque primigenio, un bosque en un estado ideal, en el equilibrio último: el
clímax.
Sabemos que las tempranas
civilizaciones imposibilitan la existencia de esos bosques primarios en la
Península Ibérica y en toda el área mediterránea del viejo mundo. Para encontrar
algo así, quizá deberíamos probar en el único sitio posible: la costa oeste de
los Estados Unidos de América. Únicamente en California podríamos encontrar
algo parecido, dado que es el único rincón del Globo fuera de nuestro entorno
bañado por el Mar Mediterráneo con clima mediterráneo y flora con orígenes
comunes, ya que el resto de áreas con
clima mediterráneo están en el hemisferio sur.